Razones por las que nunca debes gritarles a tus hijos

Criar hijos es un proceso hermoso pero estresante. Se requiere de mucho entrenamiento para no perder el control en situaciones que nos molestan o nos preocupan de nuestros hijos.

Cuando los gritos se convierten en lo habitual en la familia, aunque les pidamos disculpas, ya no habrá vuelta atrás. Así lo dice la psicóloga Piedad Gonzáles Hurtado. Los gritos constantes, asegura, tienen un impacto en el cerebro y el desarrollo neurológico del niño.

Cómo afectan los gritos a los niños

1. El gritar tiene la función, en la especie humana, de alertar de algún peligro. Cuando les gritamos a nuestros hijos, sin importar la edad que tengan, se dispara la hormona del estrés que predispone el cuerpo para huir o atacar. El cuerpo del niño se tensa y sus pensamientos se bloquean.

2. Cuando les gritamos a los niños, el cuerpo calloso, el cual es la unión de los dos hemisferios del cerebro, recibe menos flujo sanguíneo, lo que afecta su equilibrio emocional y su capacidad de atención.

3. Los niños que han sido sometidos a la violencia verbal desarrollan problemas de comportamiento si se comparan con los niños que no han experimentado esta violencia. Estos comportamientos van desde problemas de rendimiento, peleas con compañeros de clase, mentiras a los padres y síntomas de depresión y tristeza.

4. No podemos olvidar que los gritos también afectan la autoestima del niño. Si le gritamos, el niño sentirá que no es apreciado ni amado, aunque la intención de los padres nunca sea herir su estima.

Se activa el miedo; huye o se paraliza
– Libera dopamina y adrenalina, preparándose para huir
– El proceso de aprendizaje se bloquea
– Envía señales de peligro, inseguridad y amenaza
– Registra recuerdos negativos que generarán angustia, estrés y ansiedad

LO QUE QUIERES ES QUE TE TENGAN RESPETO, NO MIEDO…

Lo que dicen las investigaciones. La Universidad de Pittsburgh y la Universidad de Michigan han colaborado en un estudio conjunto, publicado por la revista Child Development, en el que han hecho un seguimiento del comportamiento de casi mil familias compuestas por padre, madre e hijos de entre 13 y 14 años. De él se extrae que el 45% de las madres y el 42% de los padres admitieron haber gritado y en algún caso insultado a sus hijos.

Los investigadores comprobaron los efectos de esa violencia verbal sobre los niños y encontraron que habían desarrollado diversos problemas de conducta en el año sucesivo comparado con los niños que no habían recibido gritos. Los problemas iban desde discusiones con compañeros, dificultades en el rendimiento escolar, mentiras a los padres, peleas en el colegio, hasta robos en tiendas y síntomas de tristeza repentina y depresión.

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Estrategias alternativas

¿Por qué gritamos, entonces? «Quien ejerce la ardua tarea de educar puede sentirse en momentos determinados desbordado y perder el control, todos lo hemos sentido en algún momento. No podemos dramatizar si es puntual, pero hay que trabajar para tener estrategias alternativas a estos; y sobre todo hay que educar en el respeto y el ejemplo es una de las formas más coherentes de educar», sugiere esta psicoterapeuta.

Lo que ocurre, añade, «es que algunas personas repiten el patrón educativo de sus padres y pueden pensar que utilizar los gritos sirve manejar el comportamiento inadecuado de sus hijos. Cuesta desprenderse de lo aprendido. Ahora, convertidos en adultos son incapaces de usar otras herramientas, otras alternativas más útiles y respetuosas».

Estas se sienten mal, tristes y culpables. La culpa, señala González Hurtado, «es como una de la emociones displacenteras que más presentes están en este ejercicio de la parentalidad. Nos inmoviliza, nos bloquea, pero sirve para analizar nuestro comportamiento y buscar alternativas y soluciones a los conflictos, porque nos hace cuestionarnos qué es lo que es más importante para ti. ¿Estamos haciendo bien nuestro trabajo, intentando ser mejores, dando lo mejor de nosotros? Cuestionarnos de esta forma es una de nuestras responsabilidades más importantes respecto de la crianza».

Por qué los padres les gritan a los niños.

  • Si los padres sabemos que gritar le hace daño a nuestros hijos, ¿entonces por qué lo hacemos? Lo hacemos por dos razones principales:
  • Porque dejamos que el estrés nos controle, explotamos y derramamos toda nuestra ira sobre lo que tenemos más cerca: nuestros hijos.
  • Porque repetimos los patrones de crianza que tuvimos en nuestra infancia. Copiamos conductas de nuestros padres y las repetimos con nuestra familia. Desaprender esos comportamientos es una alternativa saludable, así nuestros hijos no continuarán el ciclo de la violencia verbal.
  • Preparémonos para que la crianza no se convierta en un guerra a gritos entre los padres y los hijos. Disciplinar sin gritos es posible.