Científicos califican a las personas que tratan a los perros como a sus hijos como parte de un trastorno mental

No se necesitan muchos estudios para darnos cuenta de que tener a un perro como mascota es algo que nos llena de mucha emoción y llegamos a sentir un sentimiento bastante grande hacia ellos, hasta podemos llegar a creer que son nuestros hijos, debido a el trato sobre especial que le podemos dar.

Sabemos que el perro es el mejor amigo del el hombre, pero no solo el amor tan grande ellos trasmiten puede llegar a robarle el corazón a cualquiera.

Los expertos asegura que la esta conducta puede suponer un problema, tanto para los humanos como para los propios perros. Según Moisés Heiblum, de la Facultad de Medicina Veterinaria: Los animales se convierten en miembros fundamentales de la familia y se les integra a actividades propias de los humanos: esto es perjudicial para ambas partes, ya que al pretender que actúen como humanos afecta su adecuado desarrollo”.

Según la investigación, esto es más común de lo que se cree, cada vez hay más personas y parejas sin hijos que mitigan su soledad con animales. Por ejemplo: si un animal pasa todo el día con su dueño. se crea un apego especial y, cuando el humano no está, el animal se siente frustrado y puede llegar a sufrir ansiedad.

Llega el punto que el humano. le prohíbe al perro subir a la cama o al sofá de la casa, cosa que es común para ellos. El perro simplemente no lo entiende así, para él es normal, es su casa y lo están sacando de su hábitat. por lo que puede responder con agresividad.

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El afecto excesivo de al “perrhijo” podría ser también un foco que indique un desarrollo de patología mental. por lo que una revisión podría ser necesaria para determinar si hay o no una cuestión patológica o solo es un gran cariño a la mascota.

Esto sumado al apego emocional, que hace que cuando su humano no está en casa. el animal se sienta ansioso, sufra ataques de pánico. destruya objetos u orine o defeque dentro de la casa.

Según este investigador. algunas de las acciones que deberían preocuparnos son:
Gastar más dinero en los perros que en personas, Comprarles ropa “humanoide”, Publicar “selfies” de los animales Referirse a ellos como “mi bebé” o algún apodo similar.

Hacer que el perro se vuelva dependiente de los humanos, puede llegar a cuestionar quién realmente lo necesita. Heiblum recomienda que antes de llenar a la mascota de regalos o llevarla a un restaurante, uno se pregunte quién lo necesita ¿el perro o yo? Por eso hace un llamado a los dueños a no integrar a los animales en costumbres humanas porque no lo necesitan ni comprenden eventos corno bodas o fiestas de cumpleaños. Solo necesitan que suplan sus necesidades básicas.