5 Principios del castigo a un niño que no dañará su autoestima

1- Si lo amenazaste con un castigo es necesario llevarlo a cabo: Si el adulto prometió un castigo, éste debe cumplirlo. La amenaza no llevada a su fin, según los psicólogos infantiles, resulta ser peor que la ausencia de un castigo en absoluto. El niño se da cuenta de que las palabras de los padres se las lleva el viento y deja de tomarlas en serio. El sistema de valores en el niño se convierte en no apto para su uso: no puede entender la diferencia entre una acción mala y otra buena porque carece de un sistema de control definido.

Sin embargo, puedes olvidarte del castigo si la amenaza del mismo tuvo su efecto. Pero en este caso es necesario informar al niño que esta no es la norma habitual, sino una rara excepción a la regla.

2- ¿Se desconoce quién es el culpable? ¡Todos castigados!: Si un adulto no está seguro de quién es el culpable, castigar a un solo niño no es la mejor solución. En el caso de que haya amigos con él, es mejor abstenerse de realizar críticas en general, ya que no se debe regañar a los hijos de otras personas. Si son hermanos y el hecho es grave, obligando a un castigo, lo mejor será castigarlos a todos por igual.

De lo contrario, el “culpable” obtendrá el complejo de víctima y en el futuro puede convertirse fácilmente en alguien que siempre tiene la culpa de todo. Mientras que los no castigados desarrollarán una autoestima excesiva y un sentido de inmunidad, lo que tampoco, probablemente, tenga un efecto positivo al alcanzar su vida adulta. Por supuesto, estas consecuencias se manifestarán solo si los padres castigan regularmente a uno sobre el resto.

3- El niño es responsable sólo por la acción actual y no por los errores cometidos en el pasado: Una de las reglas básicas de la educación: “castigado, perdonado, olvidado”. Un niño al que se le recuerda constantemente sus errores del pasado se convierte en un adulto sin iniciativa. Tiene miedo de innovar y por eso opta por la rutina. También le será muy difícil para una persona así aprender de sus errores: en vez de analizar cada situación en particular, simplemente entrará en bucle basándose en ellas.

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En el caso de que los padres descubran un “delito” menor, al pasar mucho tiempo, después de que este se cometió, los psicólogos también recomiendan rechazar el castigo. Basta con explicarle al niño en qué consiste su culpa.

4- El castigo debe ser proporcional a la edad y sus predilecciones: El sistema que se sigue a la hora de castigar debe ser claro y equilibrado. No tiene sentido regañar de la misma manera unas malas calificaciones en la escuela que una ventana rota en la casa del vecino. A daños menores, castigos pequeños, mientras que por una mala conducta, de carácter grave, un castigo severo.

También hay que tener en cuenta la edad y sus aficiones. Si un adolescente adora las redes sociales, su ausencia obviamente se percibirá como un castigo severo, pero para un pequeño que utiliza los servicios de mensajería instantánea, no de una manera tan activa, este castigo puede carecer incluso de sentido.

Un niño a quien se le regaña del mismo modo por todas las travesuras y malos comportamientos no podrá construir un sistema adecuado de valores morales. Le será difícil distinguir las cosas según su significado. En términos generales, no verá la diferencia entre una ventana rota y suspender un examen.

5- Regañar sin recurrir a palabras obscenas ni a insultos: Esto sucede espontáneamente y bajo la influencia de emociones fuertes. Muchos padres ni siquiera se dan cuenta de qué es lo que llaman a sus hijos. Mientras tanto, los psicólogos recomiendan emplear solo un vocabulario neutral, no evaluativo.

En un niño que se aprecia sensible, los insultos bajan su autoestima. La palabra, soltada por su mamá o papá fruto del calor de la ira, puede quedar grabada a fuego en la memoria de incluso una persona adulta. Por cierto, a las niñas, estas cosas les afectan con mayor fuerza porque son más propensas a la reflexión que los representantes del sexo masculino.